COMO AYUDAR AL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA

La autoestima está en la base del desarrollo del resto de competencias de inteligencia emocional y es la competencia que sustenta el bienestar emocional.

No podemos encontrarnos bien con los demás si no estamos bien con nosotros mismos. Una pobre autoestima nos conduce, entre otros estados, a la desmotivación.

Podemos definir la autoestima como la suma del autoconocimiento ( la imagen que tenemos de nosotros mismos y que depende en parte de como los demás nos definen) y la autovaloración (la opinión que tenemos sobre ese conocimiento). Una autoestima negativa puede provenir de un error en nuestro autoconocimiento y/o de una baja o incorrecta valoración sobre esa imagen. Para una correcta autoestima, tendré que tener una imagen de mí misma lo más ajustada a la realidad y una valoración positiva o neutra sobre esas características personales

La autoestima va formándose en toda la etapa infantil conforme la persona va sintiendo ser valorada, querida y protegida. Los mensajes verbales y no verbales que vaya recibiendo durante su crecimiento se van a convertir en la clave de la formación de su autoconcepto y su autoevaluación. Las etiquetas negativas “eres malo”, “eres un desastre” se convierte en su auto definición “soy malo”, “soy un desastre”. Es lo que se conoce como efecto Golem y sería la cara opuesta al efecto Pigmalión. Según la mitología griega, Pigmalión era un escultor que se enamoró de una de sus esculturas a la que llamó Galatea. Tan enamorado estaba, que la trataba como si fuese una mujer real.

Afrodita, la diosa del amor, se conmovió y dotó de vida a Galatea.Así, el deseo de Pigmalión de que la mujer de sus sueños se hiciera real, acabó sucediendo.

Este relato mitológico ha dado nombre al efecto encontrado por Rosenthal en la década de los 60, según el cual las expectativas positivas de los adultos influyen en el rendimiento académico de los niños.

En 1963, el psicólogo Robert Rosenthal Escribió un artículo sobre el efecto de las expectativas de los investigadores en los sujetos de estudios científicos. Leonore Jacobson , Directora de una escuela de primaria de San Francisco le escribió una carta en la que le comentaba que ella estaba segura que ese mismo efecto ocurría en las escuelas donde, según ella, las expectativas de un maestro sobre un alumno concreto, acababan influyendo en su rendimiento. Rosental llevó a cabo la siguiente investigación: se midió el coeficiente intelectual de todos los alumnos de Jacobson, pero los resultados no se dijeron a los profesores. Después se eligió al azar a un 20 % de esos alumnos y se les dijo a los profesores que ese 20 % eran los que habían obtenido puntuaciones más altas en el test de inteligencia ( aunque no era cierto). Un año después se volvió a repetir el test de inteligencia y se comprobó que los alumnos que pertenecían a ese 20% habían experimentado una evolución mayor que el resto de sus compañeros en coeficiente intelectual. Éstos resultados eran más significativos cuanto más bajo fueran los cursos escolares. Este efecto se ha demostrado también en el ámbito deportivo y en la capacidad de pensar en nuestra propia eficacia en otras situaciones.

Golem es un ser de la mitología judía, fabricado a partir de barro, que se suele representar como gigante en altura, pero retrasado o torpe. De la imagen de los Golem parece derivarse otros mitos como el de Frankenstein.

El efecto Golem podríamos definirlo como el contrario el efecto Pigmalión. Aquellas personas ( sobre todo niños) sobre los que tenemos expectativas negativas o bajas, acaban actuando en base a esas expectativas. Si tenemos la idea de que un niño es torpe o es malo, muy probablemente el niño acabe desarrollando un comportamiento torpe o negativo.

Tanto el efecto Pigmalión como el efecto Golem, se producen, se desarrollan y tienen consecuencias en la conducta y el rendimiento de los pequeños, incluso cuando no se verbalizan. El hecho de tener una opinión negativa o positiva de los niños se refleja en la conducta no verbal de los adultos, en nuestra comunicación no verbal, en el número de oportunidades que les damos, etc. El tono de voz con el que le hablamos se acaba convirtiendo en su propio tono de voz. Y al final acabarán comportándose en base a esa definición. La sobreprotección también puede conllevar problemas en el desarrollo de la autoestima.

Si hago todo por mi hijo, incluso lo que él puede hacer por sí mismo, estoy haciéndole llegar el mensaje de que creo que él solo no puede y por lo tanto limito su independencia provocando además una escasa tolerancia a la frustración. Una persona que no cree en sus capacidades se dará por vencido antes y no seguirá intentándolo después de un fracaso. Un niño o niña con una buena autoestima se sentirá seguro, valorado y aceptado, tendrá confianza en sí mismo y en sus posibilidades, se sentirá más integrado con los demás, le costará menos defenderse y tendrá un mejor equilibrio emocional.

Nuestro consejo es centrarnos en las cualidades positivas de nuestros hijos, creer de forma sincera en ellos, en sus posibilidades. Esto se reflejará en su conducta y mejorar su rendimiento y sus posibilidades de futuro.

Nosotros como padres, educadores o terapeutas podemos seguir las siguientes pautas para ayudar al desarrollo de la autoestima de nuestros peques:

– Las demostraciones de amor hacia los niños deben de ser constantes. Ellos deben saber seguro que les queremos. No hablamos solo de besos y abrazos. También es importante nuestro tono de voz al hablar con ellos. La manera de comportarnos con ellos debe mostrar respeto, cariño y amor incondicional.

– Felicitar a nuestros niños. Ellos necesitan reconocimiento constante, y, de hecho, todos lo necesitamos.

Los elogios no debe de ser comparativos. Comparar a los niños con otros es pasar la frontera entre una sana autoestima y la soberbia.

– Se elogia el esfuerzo, no al resultado. Esto se ve mucho con las notas, por ejemplo.Hay niños que sin esforzarse nada son capaces de sacar notas muy buenas, y otros con mucho esfuerzo consiguen resultados menores. En las sesiones de terapia no debemos centrarnos en el resultado de la actividad propuesta, sino en el proceso y esfuerzo del niño. Aún así como terapeutas debemos adecuar la dificultad de la tarea al niño y procurar que tenga éxito para mantener la motivación .

– Estar atentos y corregir lo antes posible las creencias limitantes. Si escuchamos a nuestros hijos decir “soy un desastre”, “todo lo hago mal”, debemos corregir cuanto antes este pensamiento.

– Es importante que cometa pequeños errores. Es la mejor manera de aprender. Sobreprotegerle y hacer todo por ellos para que no se equivoquen o no sufran les limita y es contraproducente para el desarrollo de su autoestima. Darles retos, plantearles objetivos acordes a su edad y permitirles cada vez mayor autonomía es la mejor para su autoconcepto

– Criticar la acción, no a la persona. Cuando su hijo haga algo negativo, es más adecuado decirle “esto que has hecho no está bien, deberías haber hecho esto otro”que decirle “eres malo”.

Bibliografía: El libro de las familias,edit Pluma verde

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